EL MUNDO DEBE SABER, por Ángela Corredor. Mamá de Sebastián
«Que puedo y me gusta aprender, no porque intente ser más funcional, sino porque me maravilla todo lo que me rodea.
Que quiero tener amigos, que tengo amigos, soy muy buena compañía y espero encontrar todos los días más personas que valoren el amigo que puedo llegar a ser.

Que mi mundo no está aislado, lejos, ni dentro de una burbuja; mi mundo es el de todos, solo que yo lo veo y siento de forma diferente. Encontrar quién lo comprenda suele ser difícil pero al hallar alguien que guíe mi camino podrán descubrirme.
Que es mentira que los sentimientos de las otras personas no me importan. Me intereso por quienes me rodean. Así como me entristece ver llorar, puedo reír junto a quien se divierte.
Que puedo amar, porque quizá de todas las cosas que tuve que aprender o entender, amar siempre ha sido la más sencilla.
Que preferiría no tener rabietas, pero es mi forma de expresar frustración, tan válida como tu puñetazo sobre la mesa o tu palabrota “involuntaria”. No soy agresivo. No soy caprichoso.
Que todos los días al abrir mis ojos comienzo pensando que viviré muchas cosas nuevas, algunas me resultarán difíciles, pero de eso se trata, de enfrentar los retos del día a día.
Que me gusta ser motivado y desearía que jamás escuchara que no puedo hacer algo sin intentarlo siquiera. Puedo ser tan independiente como se me permita. La compasión es algo que me hiere mucho.
Que me encanta que hablen bien de mí, esté o no esté presente, y que aquello que no esté bien me lo hagan saber. ¿Quién dijo que no tolero la crítica constructiva? Corregirme es parte del proceso.
Que deberían dejar de buscar culpables y, mejor, buscar maneras de hacer más inclusivo este mundo para personas como yo. Los derechos son universales, no excluyentes.
Que necesito sentirme parte de la sociedad, que aprendo de las otras personas y seguro que ellos aprenden mucho de mí.
Que no soy el estereotipo de las películas de Hollywood. No me gusta que crean prejuicios basándose en el guión de una película.
Que la palabra “autismo” no debería convertirse en un insulto o en un término peyorativo. Cuando de este modo la usan, me maltratan a mí y a toda una comunidad.
Que no existen las curas milagrosas, los milagros suceden todos los días, cada vez que derribamos mitos. El autismo no se cura, se comprende.
Que no sé qué es el autismo, pero sé que lucharé sin detenerme por vencer las barreras que éste me impone.
Que antes de preguntarme lo que “tengo” prefiero que preguntes mi nombre. Soy Juan Sebastián y tengo autismo. Soy una persona como cualquier otra, con una forma distinta de ver y sentir el mundo.»
Y QUE EL MUNDO LO SEPA SERÁ NUESTRO RETO EN LA SEMANA DEL DEPORTE.
CARRERA SOLIDARIA 2015: POR EL AUTISMO